Dice Nadia Boulanger – la gran maestra del siglo XX – que <<la enseñanza más elemental no contempla que aprender a oír es un derecho fundamental que todo niño tiene al nacer. Se le hace ver, se le hace sentir un poco (no demasiado), se le hace elegir, aunque muy poco, pero no oír>>
Y qué importante es oír. O mejor dicho, escuchar. Os revelaré una obviedad: a escuchar se enseña.
Siempre me ha llamado la atención aquellas familias que se hablan a gritos. Es parte de su lenguaje y expresividad. Por ello, cuando he trabajado con los hijos de estas familias no me ha sorprendido que su forma de comunicarse con el resto de la clase sea a gritos. Es lo que están acostumbrados a escuchar. Aprendemos lo que vemos y oímos.
La escucha engloba muchas cosas – hasta la escucha del mismo silencio-. Hoy vengo a hablarte de la escucha de música clásica en edades tempranas.

Este artículo trata de un encuentro muy especial que contemplé la mañana del 21 de enero de 2023. El escribirlo ahora tiene un doble motivo: por un lado, huir de lo inmediato. Contar y mostrar las cosas según pasan, hacen que caigan pronto en el olvido. Y hay cosas que no se deben olvidar, ni reemplazar por otro estímulo tan rápido. Por otro lado, quiero hablaros de algo que va a volver a ocurrir en esta semana: el Ciclo para Grandes Oyentes.
Se trata del primer ciclo de música diseñado especialmente para la audiencia de 0 a 4 años y sus familias.
Este ciclo está capitaneado por Yera R. F. de Alba y María Magdalena Sánchez, creadores del proyecto Grandes Oyentes. Como ellos mismos defienden, Grandes Oyentes quiere ofrecer oportunidades que garanticen el derecho de acceso y participación en la cultura desde el nacimiento (Convención de los Derechos del Niño, Naciones Unidas, 1989) y específicamente en el área de la música. Y esto es algo fantástico.
Proyectos que trabajen con la estimulación cultural temprana en la infancia hay muchos. De hecho, es algo que encontramos en los planes de estudios de las Escuelas Municipales de Música y Danza, por ejemplo. (Ya sabéis, para mí, uno de los primeros lugares donde se comparte cultura entre iguales).
Lo cierto es que la propuesta de María y Yera tiene algo muy especial: un concierto para compartir en familia en un espacio cultural emblemático de la ciudad, el Círculo de Bellas Artes. Un concierto alejado de las propuestas infantiles al uso. Un concierto en el que se le ofrece a estos grandes oyentes un repertorio de alto nivel y clásico poco habitual. Un concierto donde se les trata como personitas capaces de apreciar lo que se les muestra. Eso es algo muy importante que he corroborado en el aula durante muchos años: los niños tienen capacidad para comprender aquello que les muestras. No hace falta pasarles todo por el pasapuré como si fueran unas lentejas. Para ellos, CULTURA Y MÚSICA así, en mayúsculas.

Foto extraída de la página web de Grandes Oyentes. Concierto 21 de enero
Esa mañana, esos Grandes Oyentes y sus familias escucharon Mozart, Puccini, Bonis, Reger, Orlando di Lasso… ¿no os parece bestial?
Y no fue un concierto fácil para los intérpretes. ¡Ojo!, no me refiero a las dificultades musicales y técnicas con las que se pudiesen encontrar. Su trabajo interpretativo fue espectacular. Me refiero a su puesta en escena. En este concierto, los intérpretes -Vicente Martínez Arango, Iliana Verónica Sánchez, Patricia Illera, Isabel Dobarro-, además de contarnos esa música tan bonita con un gran dominio musical y técnico, interactuaron con la audiencia, se entremezclaron con ella. Y perdonadme, pero no es una audiencia fácil. Son bebés, tan adorables como imprevisibles. Ellos/as aún no tienen asumidos los códigos de conducta que determinamos los mayores. Cantan, ríen, lloran, se mueven, juegan… y eso puede alterar la concentración de los artistas. Pero los cuatro supieron jugarlo a su favor. Los grandes oyentes seguían a las cantantes y ellas con una maestría absoluta, recogían este seguimiento de forma amable y sin alterar su interpretación. ¡Qué maravilla, qué belleza! Esto es indescriptible, tenéis que vivirlo.
Además, en el pre-concierto está a disposición de las familias el espacio palpar. Un espacio para descubrir sonoridades e instrumentos de la mano de músicos-guía.
Foto extraída de la página principal de Grandes Oyentes
Esa mañana me marché a casa pensando varias cosas:
- Que propuesta tan necesaria y arriesgada. Yera y María son personas inteligentes, persistentes y valientes que han sabido (y saben) focalizarse en aquello que quieren: la infancia y la creación de nuevos públicos.
- ¡Qué valiente el Círculo de Bellas Artes! La gestión de su director, Valerio Rocco Lozano, es ecléctica y asombrosa. Valerio no deja pasar una oportunidad para cultivar las artes, la escucha y el pensamiento desde este centro neurálgico de la cultura. Quizás por eso es una de mis instituciones favoritas.
- Que este ciclo dure muchos años. Que esta semilla germine y, puesto que soñar es gratis, ojalá poder trabajar en mi aula con estos grandes oyentes cuando crezcan. Ahora están abriendo sus oídos, más tarde podremos trabajar para comprender qué es aquello que escuchan.
Este sábado 11 de marzo tienen otra cita. Tienen todas las entradas vendidas. Si me has leído y no quieres perderte esta maravilla, sigue su pista en sus redes y en su web.

